Unidas por la cinta de pintor
Creo que la primera vez que vi a alguien utilizar la cinta de pintor (también conocida como cinta de carrocero) en la facilitación fue a Asier Gallastegi. Al tiempo, descubrí que la gente de Colaborabora era también maestra en su uso. Y yo, sin titubeo alguno, decidí que debía ser un miembro más en esta Asociación (no registrada) de Adictas a la Cinta de Pintor de Colores. Es una herramienta muy valiosa: permite dividir el lugar de encuentro en zonas, hacer que la gente interactúe con el espacio de manera diferente y generar visualmente un entorno atrayente para quienes participan. Además, ¡no deja marca y puede llevarse a cualquier lugar! Es muy ligera.
Quizá parezca un texto con publicidad encubierta. Prometo que no. Permitidme dar un salto en esta historia y veréis que no cobro comisión alguna.
Acabo de hacer mi primera incursión (y espero que la última) en el fascinante mundo de las reformas integrales. Y doy gracias a la vida porque el oficio de mi padre no sólo me ha pagado los estudios, sino que ahora también resulta de lo más apropiada. Albañil durante 43 años, mi padre se ha convertido, sin necesidad de investidura, en el capataz de mi casa. Tras un año de parón por una merecidísima jubilación, ha vuelto a vestir el buzo para ayudarme.
Durante los primeros días, además de vaciar la casa, hemos cubierto muchas de las zonas para cuidarlas, incluido el ascensor. Es más, mi padre ha tenido a bien hacer una pequeña alfombra justo antes de entrar al montacargas (sinceramente, creo que nunca un ascensor ha sido tan glamouroso). “Ven, sujeta”, me dice mientras recorta un trozo de moqueta para hacer la alfombra. “Estira bien de las esquinas, para que no se hagan pliegues”. Y yo, muy obediente, hago lo que me dice mientras veo cómo saca la cinta de pintor y empieza a cubrirlo todo con ella.
En ese momento, me veo a mí misma poniendo un plotter (es un papel impreso en un tamaño muy grande) en la pared con cinta de pintor junto a Asier momentos antes de una sesión con un equipo. Igual que hago con mi padre y la alfombra. Y, ahí, pienso varias cosas. La primera, que entre el oficio de mi padre y el mío hay más similitudes de las que una puede ver a primera vista. La segunda, que me reafirmo en que la cinta de pintor es un producto increíble. Y la tercera: me gustaría mirar más a los conocimientos y recursos que otras personas han utilizado en otros tiempos y contextos para adaptarlos a las nuevas situaciones. Además, quizá así, habría sabido que la cinta de pintor ya tenía un papel relevante en mi vida antes de ver a otros maestros usarla.
